Movilidad a Fót, Hungría
Texto completo sobre la experiencia de Job-Shadowing de Paloma
Mi primera experiencia en una movilidad Erasmus+ me llevó a la Fóti Garay János Általános Iskola en Fót, una pequeña y tranquila ciudad a menos de 20 kilómetros de Budapest.
Esta escuela de primaria es muy activa y tiene gran experiencia en todo tipo de programas Europeos, desde Job-shadowing a intercambio de alumnos, y ha acogido estudiantes y profesores de múltiples países (Alemania, Polonia, España, etc.). Tanto es así, que cuando les pregunté si estarían interesados en traer un grupo de visita a Pozuelo, me dijeron que no era posible a corto plazo, y me enseñaron su calendario de movilidades sin un solo hueco hasta fin de año.
Todo el personal fue muy amigable y hospitalario, independientemente de si hablaban inglés o no. En una ocasión, incluso me asignaron a un estudiante para traducirme las instrucciones de la profesora del húngaro al inglés, para que pudiera seguir la clase. Algunos alumnos también expresaron interés por España; específicamente si era seguidora del Real Madrid, y si prefería a Ronaldo o a Messi.

FOTO: EOI Pozuelo
Durante tres días tuve la oportunidad de observar el sistema educativo húngaro y la manera en que aplicaban su metodología. Se me permitió ver trabajar, y colaborar participativamente, con una serie de profesores en diferentes asignaturas y niveles, desde inglés a educación física y música. Curiosamente, todas tenían algo en común: la participación activa y colaborativa de los estudiantes en diversas formas. Por ejemplo, preparar y presentar explicaciones de puntos gramaticales en inglés (los verbos modales), o dar un concierto usando percusión corporal (golpeando tubos de las siete notas musicales contra manos o brazos. Spoiler: ¡au!).
Son grupos muy dinámicos, y no se puede esperar menos de ellos, ya que en Hungría ¡es obligatoria una clase de educación física todos los días! Eso sí, el gobierno también dona fruta para los alumnos diariamente. Mens sana in corpore sano.
Obviamente había diferencias entre nuestro centros. Al tratarse de una escuela de primaria, los alumnos estaban mucho más controlados, incluyendo acompañar a los estudiantes de los cursos más bajos de un aula a otra, y requerían mayor supervisión durante las actividades de clase.

FOTO: EOI Pozuelo
Algo que me llamó especialmente la atención fue el uso de Kréta, una plataforma educativa para el seguimiento del progreso del curso. Al igual que en nuestra Escuela, utilizaban esta plataforma para controlar las asistencias, pero además funciona como herramienta de comunicación e información para padres y alumnos, incluyendo un resumen de lo trabajado en cada sesión, y la tarea asignada a los estudiantes para el siguiente día.
Sin embargo también compartimos ideas comunes, como el compromiso de sostenibilidad y cuidado del medio-ambiente. Pude visitar su jardín, donde además de tener una zona de compostaje para reciclar restos de comida, plantan un árbol para recordar la visita de cada grupo de estudiantes de Erasmus que visita su escuela. También tienen un aula de manualidades donde re-utilizan materiales donados para crear objetos útiles, como por ejemplo retales de ropa para fabricar bolsas, decoradas con plástico de colores, cuerom etc. Y no muy lejos de su escuela me mostraron una tienda de comida sin embalaje, donde hay que acudir con un recipiente de casa (caja, bolsa, o botella) para llevarse la compra, aunque también las vendían las cerezas al licor bañadas en chocolate en bolsitas de papel, por mencionar un ejemplo al azar.
A pesar de que no tuve tiempo de descubrir la amplia gama de gastronomía húngara, al menos pude probar algunos platos típicos. Las profesoras a cargo del programa Erasmus y la directora me invitaron a una comida casera que trajeron a la escuela: rollitos de repollo rellenos de carne picada y arroz, con salsa de tomate (me dijeron el nombre del plato, pero no puedo recordarlo. Por los ingredientes y la descripción, puede que fuera Töltött káposzta, por lo menos de acuerdo con Wikipedia). Fue una combinación curiosa y sabrosa, con elementos comunes a la dieta mediterránea.

FOTO: EOI Pozuelo
Pero debo admitir que también sentí interés por comida algo menos saludable, como los bollitos de hojaldre rellenos de mermelada (los dulces) o queso y paté (los salados), o los lángos, que se parecen a la pizza, pero con una masa de pan frito cubierto de queso, u otros ingredientes (jamón, setas, salchichas,…).
Ayudada por las recomendaciones de las profesoras de la escuela, exploré, junto a un grupo de estudiantes un liceo de Mallorca que acababan de llegar, algunos de los lugares más representativos de Fót: la iglesia de la Inmaculada Concepción, donde una antigua alumna de Garay János se inició como guía turística, y el castillo Károlyi, donde la condesa nos habló sobre la historia del edificio y de la familia Károlyi, que tuvo una gran influencia en la ciudad hasta la llegada del comunismo.

FOTO: EOI Pozuelo
Como no podía ser de otra manera, aproveché mi tiempo libre para visitar Budapest y disfrutar de las impresionantes vistas del río Danubio desde el Templo de Buda (¡que no tiene nada que ver con el budismo!), pasear por el Puente de la Cadenas, y acercarme a la Basílica de San Estevan.
Cuando llegó el día de la despedida, estaba contenta por volver a casa, pero puedo decir que, sin duda alguna, ha sido una experiencia enriquecedora que me gustaría repetir en el futuro, esta vez acompañada de algunos alumnos.
Paloma